Tanto han maltratado mi sonrisa que hoy, hasta los golpes de suerte me duelen,; tuvimos la mala suerte de pretender entendernos cuando ambos éramos tan diferentes, estábamos tan felices por el simple echo de enamorarnos (o más bien era yo la que lo estaba) que dejamos de lado la opinión de los que realmente importan, nos creíamos invencibles cuando no éramos más que dos críos con las ideas no definidas.

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