Hay cosas que son muy difíciles de cambiar, amistades que aunque se vuelven borrosas, siempre sientes. Amores que matan, o eso de que el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren. Personas que se han ido y sin embargo, su recuerdo está más vivo que nunca.
Sonrisas de melancolía y lágrimas de felicidad, por eso no entiendo porque siempre lo relacionamos con lo contrario. He visto llorar a mi madre cada vez que mi hermano triunfaba, y la he visto sonreír cuando el mundo se venía abajo.
Crecí siendo adulta, y cada vez soy más niña. No sabéis cuanto añoro mi inocencia, porque creía que todo era posible, porque sentía todas esas mariposas en el estómago y que ahora han vuelto a ser orugas.
También he sido espectadora, actriz y guionista, acabando a veces con el escenario o quemando el telón que no tenía ninguna culpa de que odiase el argumento.
He mentido para no hacer daño y fui sincera para herir. Muchos han dudado de que no sería capaz de hacer algunas cosas, y luego, luego he brindado por ellos cuando he llegado a lo más alto. He sido creyente y he dudado de Dios y su mandato. No supe qué era el amor hasta que empecé a leer.
Por eso ahora me da tanto miedo mirar para atrás, y ver que algunos errores no sirvieron para nada, sino para darme cuenta que la vida es una guerra que no tengo ni idea de luchar, aunque todavía me mantenga en pie. Y que respirar a veces puede ahogarte, y por eso odio tanto las despedidas, porque llevan un mensaje subliminal 'puede no haber mañana', porque de todas las palabras que me llevan al cielo, la única que me da miedo es adiós.
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