Escucho las canciones melancólicas por las noches, y me acuerdo de lo mucho que gasto en quererte. Quieren cantarme al oído, que ya no soy tu persona favorita, ni tu mayor vicio, que has embarcado en otro vuelo que no es el de mi falda.
Como decirle a la gente que mi meta no era escribir, si no poder atraparte en cada uno de mis textos. Ojalá el mundo parase, aunque sólo fuese un segundo. Ojalá pudiese hacerte cosquillas un rato y convertirte en ese gato con siete vidas.
Pero el mundo se puede parar que yo seguiré bailando. Que siete vidas son muy pocas para alguien que comete tantos errores.
Alguien me dijo que los amores de verano son los mejores errores, y que el tiempo todo lo cura. Al final, entre fiesta y fiesta se nos acaba el verano y llegamos a septiembre, que nos somete con sus mandatos.
El verano nos trajo la locura, el invierno nos traerá la cura. Millones de enero reducidos a días fríos y algunos que otros meses de febrero con millones de besos en tu boca y ninguno mío. Siempre habrá veranos para cometer errores e inviernos para llorarlos.
Acuérdate de mi, de dos personas que intentaron arreglar este desastre enamorándose, una noche de verano.
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