A me enseñó lo qué es amor, aunque nunca aprendiera a amarlo. Con A todo era fácil, aprendí lo que es que una persona te quiera sin limitaciones, que se entreguen a ti; y vi cómo inevitablemente rompía cada una de nuestras ilusiones. Me pasé tantos años planeando cómo sería todo, que cuando llegó el momento todo me supo a poco. Y lo único que supe hacer en ese momento fue sentarme y esperar a que todas sus palabras dejaran de tener sentido, lo forcé a dejar de hacer las cosas que sentía, lo cohibí y prácticamente lo destruí. Lo volvimos a intentar unos años después, pero jamás pude devolverle el brillo a esos ojos azules que una vez me miraron como si fuese única. Sólo contigo volvería para cambiar las cosas. Y perdón por no quererte como me querías.
R fue todo lo contrario, es la tentación. Y caí, caí más de una vez, pero nunca fue. Supongo que es por que siempre nos han presionado desde pequeños a que seríamos y seremos la pareja perfecta, como si todos pudierais ver los que nos decimos cuando nos miramos. Nunca fuimos porque siempre hubo otras personas, pero a quién pretendemos engañar... los dos sabemos que pecaremos, una y otra vez, como lo hemos hecho durante estos últimos cinco años desde la primera vez. Nadie lo sabe, no podíamos permitirnos que todo nuestro entorno se enterar, entonces todo habría sido muchísimo peor. No sé si lo que tenemos es amor, pero R nunca falla, pero lo que sea no conoce el roce de nuestras pieles, esconde los celos, está escondido tras un montón de mentiras que los dos nos contamos a nosotros mismos, tras algo que no existe. Lo que sé seguro de R, es que volverá, como tentación qué es, y caerá y pecaré.
J no me convenía para nada, mira que me lo avisaron veces.. Pero no me arrepiento de él. No era lo que buscaba, ni mucho menos lo que merecía, pero de alguna forma entró, se hizo un hueco y se quedó durante un tiempo. Pero igual que vino, se fue. A él le correspondió mi primera y única vez, la única vez que he amado, pero el tiempo me devolvió lo que le hice a A y todas las ilusiones y planes que J y yo teníamos desaparecieron cuando nos sentamos en el banco. Sabía que tenía que acabar y acabó, lo vi antes de que pasara pero eso no calmó las cosas. J ha sido él único con el que me he abierto completamente, le puse el corazón en las manos y se le cayó, porque no sabe querer. Nadie creyó en nosotros desde el principio y supongo que eso fue lo que hizo que ni nosotros acabásemos creyendo en todo aquello. Fuimos pasión y, ese fuego que nos hizo arder, más tarde y de un soplo, nos consumió. Pero el tiempo pasa y la herida cicatriza.
N me rompió cuando creía que me había reconstruido de J. Me creía que iba a pasar como en los libros que leo, sin recordar que son de ficción. Que en una noche con ganas y con la prohibición podría tenerlo conmigo. Al menos durante un poco más de tiempo de lo que duró. Esa eterna noche hablando me consumió.
Nunca he sido partidaria de ver el amor como un juego en el que uno gana y otro pierde, siempre lo he visto como una lucha en la que dos personas se ganan, para luego perderse.
27 de enero de 2017
llorando tambien se aprende
Después de un tiempo, incluso dos y tres, he sido capaz de aceptar cosas que antes no hubiese aceptado ni por asomo. Más que ser capaz, diría que me he visto obligada a aceptar ese tipo de cosas que rara vez deja de doler por completo.
No podemos obligar a una persona a que sienta lo mismo que sentimos cada uno de nosotros, de echo, creo que el amor por obligación acaba convertido en indiferencia.
El pasado no vuelve por mucho que queramos, por mucho que lloremos, por mucho que lo echemos de menos. Hay momentos, personas y sentimientos que por desgracia, y rara vez por suerte, no vuelven.
O nos limitamos a aceptar que hay cosas que no van a reaparecer, o nos quedamos estancados en un presente que posiblemente no nos permita tener un futuro.
Debemos saber que la espera a veces se convierte en esclavitud. y a la vez te conviertes en alguien dependiente del tiempo, de alguien que ya no está y que ni si quiera sabes si algún día volverá.
No podemos obligar a una persona a que sienta lo mismo que sentimos cada uno de nosotros, de echo, creo que el amor por obligación acaba convertido en indiferencia.
El pasado no vuelve por mucho que queramos, por mucho que lloremos, por mucho que lo echemos de menos. Hay momentos, personas y sentimientos que por desgracia, y rara vez por suerte, no vuelven.
O nos limitamos a aceptar que hay cosas que no van a reaparecer, o nos quedamos estancados en un presente que posiblemente no nos permita tener un futuro.
Debemos saber que la espera a veces se convierte en esclavitud. y a la vez te conviertes en alguien dependiente del tiempo, de alguien que ya no está y que ni si quiera sabes si algún día volverá.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)