Después de un tiempo, incluso dos y tres, he sido capaz de aceptar cosas que antes no hubiese aceptado ni por asomo. Más que ser capaz, diría que me he visto obligada a aceptar ese tipo de cosas que rara vez deja de doler por completo.
No podemos obligar a una persona a que sienta lo mismo que sentimos cada uno de nosotros, de echo, creo que el amor por obligación acaba convertido en indiferencia.
El pasado no vuelve por mucho que queramos, por mucho que lloremos, por mucho que lo echemos de menos. Hay momentos, personas y sentimientos que por desgracia, y rara vez por suerte, no vuelven.
O nos limitamos a aceptar que hay cosas que no van a reaparecer, o nos quedamos estancados en un presente que posiblemente no nos permita tener un futuro.
Debemos saber que la espera a veces se convierte en esclavitud. y a la vez te conviertes en alguien dependiente del tiempo, de alguien que ya no está y que ni si quiera sabes si algún día volverá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario