Te despiertas. Corres. Te duchas, te arreglas. Corres.
Corres para no perder el autobús, el tren. Corres porque como de costumbre, vas tarde.
Vas con prisas, ¿por qué si hoy me he despertado antes que ayer?
Corres para estar, donde debes estar, cuando debes estar.
FRENA.
Imagina una señal de stop. En tu vida. Sal. Saca tu mente de tu cuerpo. Mírate, ¿qué estás haciendo de ti? Antes no eras así. Disfrutabas, saboreabas los momentos. Y mírate ahora, casi no te das cuenta, otro día, otra semana, otro mes. Otra tú. Todavía me cuesta creer que ya no estés aquí. Parece que fue ayer cuando te vi por última vez. Ahora que no estas, intento no abandonarte nunca.
Relájate me digo.
Piensa.
Párate, echa el freno, recapacita. Escucha esa voz de tu cabecita.
Que estás haciendo con tu vida, a ti que se te hacían las tardes infinitas; ahora en un abrir y cerrar de ojos se te ha ido otro día.
Mira las pequeñas cosas, los insignificantes detalles que tienes todos los días a tu alrededor. Y, para variar, crea alguna sonrisa. Así es como duermo yo con la conciencia tranquila al final del día.