31 de agosto de 2014

El amor puede ser una bonita forma de destruirse.

Queríamos cambiarnos las vidas, curarnos las heridas, taparnos las cicatrices y arreglarnos la sonrisa. Pero se nos olvidó que éramos dos ruinas a punto de derrumbarse. Éramos la rama caída del árbol, éramos un cristal justo antes de estallar y hacerse añicos. Éramos la noche más fría del invierno y el día más caluroso del verano. Ambos tan completamente diferentes. Éramos las calles desiertas de un barrio cualquiera y el centro de la ciudad en Navidad. Los días perdidos y la noches donde nos encontramos a nosotros mismos. Éramos la soledad, la oscuridad, los grados bajo cero, la inestabilidad, el precipicio. Y se nos olvidó que ya éramos causas perdidas.

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