Las personas clave están en los momentos claves. Y no es casualidad.
Tú eres la primera persona que me hace sentir algo parecido, he comprendido que en algún momento hay que decidirse. Los muros no mantienen a los demás fuera, si no a ti dentro.
Llegaste y no apostaba nada por ti, ni tu por mi; tú eras mi miedo y yo posiblemente algo pasajero. Nadie creía en nosotros, pero tuvimos algo especial que no se nos veía, no hace falta decir que la complicidad es el lazo que más une sin atar, así que ya os podéis imaginar cuanto sorprendimos, cuanto nos sorprendimos.
Os diré una cosa, si no creéis en la magia, la magia no funciona. La vida es esto. Ninguna relación es estable o al menos nosotros pasábamos del rollo de siempre. Nos hemos acostumbrado al caos y tememos que llegue el orden, lo que no quita que contra el vicio de equivocarse está la virtud de rectificar.
La gran diferencia la marca quien te cuida con pequeños detalles y tan sólo con que me mires yo ya estoy protegida.
Si es bonito, nunca puede ser un fracaso, lo mires por donde lo mires. De las llamas aprendí que lo primero que arde es el miedo, pero yo estaba ahí, esperando una señal, como todos.
Y poco más de un año de que todo empezara, todo cambió. La magia en la que creíamos, o creía, yo, que nunca fuiste tu, dejó de funcionar. Tú eres el muro que me puse, fuiste todos mis límites sin ponerme nunca ninguno, y lo que yo creía que nos ataba, no estaba. Sorprendimos y nos sorprendimos, siempre creyendo que lo terminaríamos por ti, y terminamos por mi, casi suplicándote que esto acabara, que no podía amar a quien no se deja querer. Nuestra relación siempre fue estable, pero nunca una relación, todo el caos que causó nuestro vicio, que nos hizo perder el juicio, se acabó con mi sacrificio. Siempre me marcaste, sin detalles, ojalá algún día me halle.
Nunca un fracaso, siempre un repaso, para no volver a caer. El primero que arde es el miedo, y lo primero que nace es el hielo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario